Cuerpos (no)ecológicos: percepciones sobre corporalidad de consumidores de comida ecológica

La sociedpollutionad contemporánea es percibida, en ocasiones, como un entorno repleto de peligros y sustancias nocivas, tanto para la salud individual como para la vida colectiva: contaminación atmosférica, radiaciones electromagnéticas, toxicidad de los materiales con los que convivimos, contaminación de ríos y mares, etc. En este contexto, la alimentación constituye una importante fuente de ansiedad respecto a las sustancias nocivas que puedan contener los alimentos que consumimos. Así, el consumo de alimentos ecológicos puede ser una de las posibles formas de enfrentarse a esa realidad.

A partir de la etnografía realizada con consumidores de comida ecológica en Barcelona, publicada también en forma de libro, he estado explorando las ide
as sobre corporalidad de estas personas y sus estrategias corporales para lidiar con la contaminación.  Los resultados, preliminares, están recogidos en esta presentación que se puede consultar online.

En primer lugar, se hace evidente que las ideas simbólicas de limpieza y suciedad del cuerpo están vigentes entre estas personas. La conciencia de la contaminación se concreta en la idea de acumulación de sustancias tóxicas dentro del organismo, que irían creando una capa de “tolerancia” alrededor de los órganos y los tejidos internos. Esta idea correspondería a la noción de “inmunización”, es decir, a la idea de que las sustancias tóxicas que se acumularían en nuestros cuerpos servirían como una suerte de protección contra las mismas. En este sentido, los cuerpos infantiles todavía no habrían acumulado sustancias tóxicas en sus organismos, serían “cuerpos puros” y, por tanto, más vulnerables a la toxicidad. Estas ideas, sin embargo, se contradicen con el discurso científico relativo a los CTP (Compuestos Tóxicos Persistentes), que argumentan que estos compuestos, efectivamente, se acumulan en nuestros cuerpos, pero no nos inmunizan, sino que crean efectos nocivos a largo plazo. Y los bebés también serían portadores de los mismos, pues los habrían recibido de sus madres a través de la placenta y de la leche materna. Este es un ejemplo, por tanto, de discursos sociales y científicos que se contradicen.

A partir de esa conciencia de la contaminación, se pudo observar también cómo los cuerpos se percibían como abiertos al exterior, al mundo que los rodea. Es decir, el hecho de que las sustancias tóxicas puedan acceder al interior del cuerpo a través de la alimentación, pero también de la piel y del aire, hace que se perciban los cuerpos en relación continua con su entorno y dibujan la idea de un cuerpo inevitablemente traspasado por el mundo a su alrededor. Un hecho social, la contaminación y la toxicidad ambiental, penetra las fronteras del cuerpo para establecerse en él. En este sentido, la idea simbólica de la piel como frontera entre el individuo y su entorno queda diluída en su imposibilidad factual. De la misma manera, se desdibuja la dicotomía analítica entre la naturaleza (cuerpo) y la cultura (entorno).

Además de estas nociones sobre el cuerpo, entre otras, también se han analizado las estrategias corporales para lidiar con la contaminación que usaban estas personas. En la presentación que se muestra a continuación, puede verse que son básicamente tres: los ayunos o dietas depurativas, las técnicas espirituales, y el consumo de comida ecológica. Y ese es un tema para otro post.

Aquí está la presentación:

Fotografía: Agustín Ruiz en flickr.

Un equilibrio imperfecto. Alimentación ecológica, cuerpo y toxicidad.

La semana pasada presenté, junto a Cristina Larrea y Xavier Medina, el recién editado libro “Un equilibrio imperfecto. Alimentación ecológica, cuerpo y toxicidad”, publicado por Editorial UOC, en el Museu de Cultures del Món.

presentación equilibrioEste libro es una etnografía recién realizada sobre discursos, ideas y nociones en torno a la alimentación ecológica y al cuerpo humano por parte de consumidores de comida ecológica en Barcelona. Este tipo de consumo ha estado en auge en los últimos años en esta ciudad, seguramente a raíz de cambios sociales más globales que tienen que ver no solamente con la alimentación. Como dijo Xavier Medina en la presentación, no comemos únicamente con la boca y el estómago, sino que todos nosotros comemos también con el cerebro, elegimos qué alimentos consumir y cuales descartar, de manera que estudiar las ideas en torno a la alimentación es también estudiar ideas sociales y culturales.

portada_definitiva_pequeEsta etnografía, como otros trabajos que he realizado, parte del proyecto Cuerpos Tóxicos, del Departamento de Antropología de la Universidad de Barcelona, donde analizamos las ideas sociales respecto a la contaminación por productos químicos, sea esta atmosférica, alimentaria o aérea. Por este motivo, una de las ideas de las que partió la investigación fue indagar cuales eran los discursos sociales respecto a la contaminación alimentaria y la toxicidad en este tipo de consumidores que, en principio, suponíamos que estaban más preocupados por los riesgos alimentarios que los consumidores de comida convencional. Sin embargo, lo que encontré fueron no solamente discursos sobre toxicidad y sobre distintas maneras de percibir el riesgo, sino también sobre ciencia, sobre medicinas alternativas, sobre espiritualidades new age, sobre dietas de toda clase, sobre soberanía alimentaria, sobre justicia económica y política, entre otros. Y, por supuesto, también se encontraron ideas sobre el cuerpo humano y sobre las maneras en que la comida ecológica sirve como forma simbólica para “limpiar”, o para percibir como “más limpios”, nuestros cuerpos contaminados, atravesados por una sociedad que ensucia, que es la sociedad en la que vivimos.

El libro tiene dos partes que, aunque estén separadas, se complementan una a la otra. La primera trata sobre percepciones en torno a los alimentos y se analizan básicamente esas dos nociones del lenguaje común que se asocian a este tipo de comida: “lo saludable” y “lo ecológico”. Ambas se asientan en discursos sociales de diversa índole que se desgranan en el texto. La segunda parte, que se focaliza en las percepciones sobre el cuerpo humano, gira en torno a la noción de contaminación y toxicidad entre este tipo de consumidores. Más adelante, en este mismo blog, se tratará este tema más en detalle.

El libro está a la venta en librerías y también en la web de la editorial.

Cuerpos en Barcelona: una agenda repleta

En estas próximas semanas, Barcelona va a acoger varios eventos que tienen que ver con el cuerpo y las muchas formas de vivirlo y entenderlo. He aquí una breve lista por orden cronológico:

· Cuerpo y movimiento como factores sociales críticos

20-29 octubre, Institució Milà i Fontanals (CSIC)

Este es un seminario que explora el papel social del movimiento corporal a partir de casos concretos que tienen que ver con la danza, la música o la performance, por ejemplo. El movimiento corporal puede devenir una base para la crítica social, tanto el ejercido desde esas artes plásticas que se plantean en el seminario, como desde la esfera de la vida cotidiana.

Uno de los temas que se tratarán para cerrar el seminario será el del “futuro posthumano”, que parece que planea por varios de los eventos de estas semanas, como se verá más adelante.

· La imagen de hombre y mujer en las telenovelas y revistas populares en América Latina

27 octubre , 15.30h, Institució Milà i Fontanals (CSIC)

El grupo de investigación de Antropología del Cuerpo del Institut Català d’Antropologia se reúne mensualmente para exponer y comentar trabajos en este campo. La reunión de octubre será el próximo día 27 y se comentará este trabajo de Dominika Matejko que, desde la perspectiva de los estudios culturales, examina la imagen del cuerpo femenino y masculino en la cultura popular en América Latina.

· Bodies and agency in the social arena

2-3 noviembre, Institució Milà i Fontanals (CSIC)

El mismo grupo de antropología del cuerpo organiza estas jornadas que recogen el trabajo de muchos investigadores sobre temáticas corporales diversas, que se pueden consultar en este programa.

A mí me interesa especialmente la charla que dará Lina Masana sobre el tema de su tesis doctoral Invisible chronic illnesses inside apparently healthy bodies, por la interesante dualidad que presentan los cuerpos enfermos que parecen estar sanos (¿cuál es la frontera entre lo normal y lo patológico?) y las tortuosas relaciones sociales que provocan. Este tema me interesa personalmente y escribiré sobre ello en el futuro, en forma, espero, de autoetnografía.

· The Body in the Contemporary City International Conference

4-5 noviembre, Sede de la Universitat Oberta de Catalunya

Sin tiempo para descansar, esta interesante conferencia propone analizar el papel del cuerpo en la ciudad contemporánea, teniendo especialmente en cuenta los elementos sensoriales y emocionales. Charlas que usarán el sonido, la fotografía, la performance o el análisis de narrativas para examinar distintos aspectos del cuerpo en la ciudad y las relaciones sociales, políticas, sensitivas y afectivas entre ambos elementos.

· +Humanos, cine forum y Judith Butler en el CCCB

5 noviembre, 19h, Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona

El Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona ha presentado hace muy poco la exposición +Humanos: el futuro de nuestra especie, a la que todavía no he ido. Como su título indica sin lugar a ambigüedad, la exposición trata sobre el futuro de la humanidad. En concreto, sobre las relaciones, las fronteras y los límites del cuerpo humano con la tecnología. Ergo, con la ciencia y esa cosa llamada “progreso”. Ciborgs, robots y clones son y han sido objeto desde hace años tanto de teorías en el campo de las humanidades y las ciencias sociales (Haraway o Latour) como protagonistas de narrativas mediáticas de lo más diverso, entre las cuales destaca especialmente la reciente serie inglesa Black Mirror. En los últimos años ha habido un auge en esta temática, del que da cuenta esta exposición. Y es que, en el fondo, pensar sobre qué significa ser humano es pensar quienes somos, a donde vamos y cuál es el tipo de sociedad en la que queremos vivir.

El 5 de noviembre, y en el marco de esta exposición, Judith Butler dará una charla titulada “Cuerpos que aún importan”. Las entradas están agotadas, pero la web del museo promete que se retransmitirá en directo en streaming. Además de la charla de Butler, se han organizado varias actividades que se pueden consultar en la web del CCCB, entre las cuales destaca este ciclo de cine fórum que debatirá los temas de la exposición a partir de películas seleccionadas. Muy buena pinta.

· I Coloquio MARC de autoetnografía

5-6 noviembre, Universitat Rovira i Virgili, Tarragona

Aunque este coloquio será en Tarragona en lugar de en Barcelona, he pensado incluirlo en la lista por el interés que puede tener para personas interesadas en las reflexiones sobre corporalidad. El dificilísimo género de la autoetnografía será el hilo conductor de este evento académico. Este género, que surge más abundantemente en la antropología médica que en otras sub-disciplinas, permite reflexionar sobre corporalidades a muy distintos niveles, pues el cuerpo del investigador se sitúa en el centro de aquello investigado, transformando tanto su ser y su cuerpo como la realidad social que se investiga. En este coloquio se hablará de transformaciones corporales, de identidades, de la dualidad entre objeto-sujeto en la investigación, de experiencias personales y relatos autobiográficos, de emociones y afectividades, y del lugar de la autoetnografía en la academia, entre otros temas. Además, participarán personas tan interesantes como Mari Luz Esteban. Muy recomendable.

· Men in Movement: Trans/forming Masculinities in Politics, Care, and Media

19-20 noviembre, Espai Francesca Bonnemaison

Y last, but not least, los «hombres». No hay duda de que la idea de masculinidad se ha ido transformando en nuestra sociedad en las últimas décadas y han emergido nuevos roles y modelos. El objetivo de este workshop internacional organizado por la UOC y la asociación Homes Igualitaris es reflexionar sobre esa masculinidad que ha estado ausente como tema de reflexión de las ciencias sociales y de los estudios de género, que básicamente se han centrado en las mujeres.

Podéis consultar aquí el programa.

El cuerpo envejece: Ageing, Corporeality and Embodiment, de Chris Gilleard y Paul Higgs

Este verano he estado leyendo el libro Ageing, Corporeality and Embodiment, que se editó hace un par de años, y trata sobre cuerpo y envejecimiento. En los estudios sobre cuerpo y también sobre envejecimiento, este es uno de los temas más evitados, con algunas excepciones como este grupo de investigación en el Reino Unido y algunos artículos publicados al respecto (Laliberte Rudman, 2015; Ricart, 20013). Las razones deben ser diversas, pero supongo que el hecho de que el cuerpo mayor resuene con ideas como fragilidad, enfermedad o discapacidad debe de ser una de las principales.

Los autores del libro se centran básicamente en explicar la historia del cuerpo en las sociedades occidentales (es decir, simplemente en Estados Unidos), haciendo un resumen histórico de las nociones del cuerpo en la pre-modernidad, en la modernidad y en la segunda modernidad. Según los autores, los diversos movimientos sociales que se dieron en los años 60 del siglo XX, como el feminismo, el Black Power, los movimientos queer o el de la diversidad funcional, ayudaron a crear una nueva sensibilidad social hacia las diferencias corporales y hacia (nuevas) identidades corporales que pueden servir, ahora que esas generaciones se han hecho mayores, para pensar de otra manera el envejecimiento y el cuerpo.

El texto se inspira en autores como Judith Butler o Deleuze y Guattari para proponer equiparar la performatividad de género o raza, por ejemplo, con una cierta “performatividad de edad”. La cuestión clave de esta propuesta es que los autores entienden que, actualmente, cualquier movimiento social ha sido subsumido por la cultura neoliberal del consumo masivo y, así, cualquier identidad es una identidad cuya agencia se ejerce a través del consumo. De esta forma, ese “nuevo paradigma del envejecimiento” a través de la performatividad se acerca peligrosamente al “active ageing” y trata, básicamente, del uso y consumo de cosméticos, ropa, medicamentos y cirugía plástica para no parecer mayor, privilegiando así las nociones de belleza, placer, autonomía y salud asociadas a la juventud. En ningún momento los autores ponen en duda la equivalencia culturalmente establecida entre salud, belleza y juventud, como si los cuerpos que envejecen sin apelar a la cosmética y la cirugía no pudieran ser bellos ni sanos. Por otro lado, tampoco reflexionan sobre los conceptos de “identidad”, “performatividad” o “agencia”, y los dan simplemente por sentados.

Los autores entienden que la autonomía, la auto-expresión y el placer del cuerpo mayor se dan a través del consumo y de la elección de un “estilo de vida” particular que corresponde a un afán por no parecer mayor. A esto lo llaman “prácticas de libertad”, siguiendo los últimos trabajos de Foucault (1994). Este punto de vista, aunque me parece peligroso porque ignora otras muchas maneras de abordar el cuerpo y privilegia la idea de “no parecer mayor”, es interesante porque plantea una paradoja. Las prácticas y tecnologías de las que trata el texto –fitness, cosmética, moda, medicina rejuvenecedora­– se alinean con la idea neoliberal de traspasar la responsabilidad de la salud pública al ciudadano y dejar que sea éste quien se responsabilice por su propio bienestar amoldándose a aquello que está en sintonía con lo socialmente correcto. En nuestro país, por ejemplo, vemos muy a menudo campañas que promueven el “envejecimiento activo”. Aún así, es cierto que una parte de la población mayor sigue esas prácticas para no parecer mayor, seguramente porque la vejez al desnudo está culturalmente mal vista en nuestras sociedades. Y, sin embargo, muchas personas –mayores o no­– encuentran verdadero placer en amoldarse a los estándares sociales del cuerpo bello. Entonces, ¿hasta qué punto se pueden tachar estas prácticas de alienación neoliberal? es una pregunta que me hago muy a menudo a raíz de la conformación personal a los estándares sociales de belleza. Y es una pregunta a la que, todavía, no he logrado hallar una respuesta satisfactoria. Quizá no la hay. Quizá sea la pregunta equivocada.

Casualmente, mi amiga Raquel me ha mandado estos días el siguiente video de la cómica norteamericana Amy Schumer, titulado «Last Fkable Day». Parece que estas actrices no performan la edad, la juventud y la belleza precisamente por placer y orgullo personal, sino más bien por oligación social y laboral. Y precisamente son ellas, las actrices mediáticas, quienes sirven de modelos sociales para la población (femenina) en general. Obviamente, no todo el mundo se siente igual respecto a su cuerpo y al paso del tiempo.

 

Bibliografía citada:

Foucault, M. (1994). The Ethic of Care for the Self as a Practice of Freedom: An Interview with Michel Foucault. En The Final Foucault, editado por James Bernauer and David Rasmussen, 1–20. Cambridge: MIT Press.

Gilleard, C., & Higgs, P. (2013). Ageing, corporeality and embodiment. London: Anthem Press.

Laliberte Rudman, D. (2015). Embodying positive aging and neoliberal rationality: Talking about the aging body within narratives of retirement. Journal of Aging Studies, 34, 10–20.

Ricart, E. (20013). From Being to Ontogenetic Becoming: Commentary on Analytics of the Aging Body Ender Ricart, University of Chicago | Association for Anthropology and Gerontology. Anthropology & Aging Quarterly, 34(3), 52–60.

Las ideas de equilibrio corporal y equilibrio social en relación al riesgo alimentario

Siguiendo con el autobombo, quería contar que hace unos días tuve la oportunidad de hablar en el IV Congreso del Observatorio de la Alimentación de una etnografía que acabo de terminar muy recientemente, y que trata sobre percepciones de la alimentación y del cuerpo en consumidores de comida ecológica en la ciudad de Barcelona.

Como otros proyectos, esta etnografía surge del grupo de investigación Cuerpos Tóxicos, en el que se hizo evidente que la contaminación alimentaria era un motivo de preocupación mucho más significativa para la población española que otras posibles vías de exposición a la contaminación por sustancias tóxicas y que el consumo de la comida ecológica era una de las posibles maneras de contrarrestar la idea de riesgo alimentario.

La presentación trataba sobre una parte de la etnografía muy concreta que atañía a una noción emic, la noción de equilibrio, que se iba repitiendo a lo largo de las narrativas de los participantes de la investigación, en muy distintas formas. Explicado muy someramente, se puede decir que algunos participantes apelaban a que la comida ecológica les ayudaba a conseguir y mantener un equilibrio tanto físico como espiritual y emocional a través de la elección de unos alimentos u otros en función de los efectos emocionales de cada alimento sobre el cuerpo y la persona. Además, mediante este tipo de alimentación y algunas dietas asociadas, como la dieta alcalina, algunos participantes trataban de mantener un equilibrio nutricional y cuasi-médico, usando los alimentos como medicinas. Es decir, usando cada alimento para producir un efecto sobre el cuerpo en función de las dolencias concretas que se padecieran, para re-equilibrar (es decir, curar) el organismo. Y, finalmente, otros participantes, que no asociaban tanto la comida ecológica con la salud corporal e individual sino con el sistema social y la “salud” del sistema social, elegían comer comida ecológica a través de cooperativas de consumo par re-equilibrar y hacer presión sobre un sistema alimentario, económico y político injusto y desequilibrado. Y, así, intentar equilibrar el sistema alimentario mediante sus prácticas de consumo.

De esta forma, la idea emic de equilibrio devenía una especie de contrario de la idea de riesgo, pues el riesgo se encontraría en el desequilibrio, fuera éste nutricional, espiritual, médico o social. Es decir, tanto individual –corporal–, como social, estableciendo una especie de paralelismo entre estos dos elementos, lo corporal y lo social, a la manera de Mary Douglas (1988), pero con una diferencia: que en esta etnografía se disolvían el uno en el otro, pues el hecho de que las sustancias tóxicas se encuentren acumuladas en nuestro organismo hace que la contaminación interna y la contaminación externa no sean tan distintas y que, por tanto, haya un continuum entre éstas. Por este motivo, en esta etnografía se pudo observar cómo discursos tan dispares como los referentes a la espiritualidad, la medicina, la ciencia, la moral, la política o la economía convivían en los consumidores de comida ecológica sin ser esencialmente contradictorios en la práctica –aunque sí en la teoría política (Homs, 2014)– y quedando todos ellos fijados en la noción de equilibrio a la que todos aspiraban. Así, esa idea de equilibrio devenía una forma simbólica y transversal de significar lo contrario del riesgo alimentario.

Estas ideas se explican mucho mejor en la publicación del artículo para el congreso (Begueria, 2015), que espero se pueda consultar online próximamente. De momento, dejo aquí la presentación de diapositivas, con algunas citas de entrevistas de participantes que pueden ser útiles para entender estas cuestiones. Como siempre, cualquier comentario y/o crítica son bienvenidos.

Bibliografía citada:

Begueria, A. (2015). La comida ecológica en Barcelona: discursos y prácticas en torno a la idea de equilibrio. En Otras Maneras de Comer. Elecciones, convicciones, restricciones. (pp. 632-652). Barcelona: Observatorio de la Alimentación.

Douglas M. (1988) Símbolos naturales: exploraciones en cosmología. Madrid: Alianza

Homs Ramírez de la Piscina, Patricia (2014) Sistemas de regulación de alimentos ecológicos. Procesos de despolitización, en Periferias, Fronteras y Diálogos. Tarragona: Publicacions URV, p. 5579-99.