La comida como el lugar del control

Últimamente he estado leyendo varios textos cuyo nexo en común es el tema de la alimentación. Unos son sobre anorexia, otros sobre la relación entre mujer y cocina, y otros sobre seguridad alimentaria y crisis de confianza en la sociedad contemporánea. Los textos se citan al final.

Me ha llamado la atención que hay una idea común a todos ellos. La comida, la alimentación, como lugar donde ejercer una parcela de poder frente a otros ámbitos que escapan al control del individuo.

En el caso de las anorexias, los dos textos revisados citan el “control” como narrativa que se repite entre las enfermas. Los autores hablan de la anorexia como somatización de problemas sociales y/o comunitarios tales como la inadaptación, la soledad, el conflicto familiar o social. Es decir, la anorexia como una psicopatología que expresa las ansiedades particulares de nuestra cultura. En este contexto, las enfermas perciben su vida como algo fuera de control, ajeno a ellas mismas, que se refugian en la comida (o en la falta de ella) como una forma de auto-regulación. Como una forma de ejercer su autosuficiencia, reordenar una vida que no pueden controlar de otra manera a través de la reconfiguración de su cuerpo. En este sentido, esta patología está emparentada con otras formas de gestión extrema del cuerpo, tales como el body-building y las diversas patologías asociadas al modelaje del cuerpo.

Otro texto revisado trata sobre familias inmigradas que viven en colonias de Texas en un entorno empobrecido, sin infraestructuras básicas, con bajo nivel educativo y atravesadas por estructuras de dominación de género, de raza y de clase social. En este contexto, las autoras del artículo ven como las mujeres, responsables de dar de comer a sus familias, son las aglutinadoras de lazos familiares, sociales y culturales a través de esta acción. Así, mantienen su identidad cultural a través de la conservación de las tradiciones culinarias mexicanas, refuerzan lazos comunitarios con otras mujeres a través de la cocina compartida y se encargan de mantener la salud de sus familias en un entorno en que esta labor es altamente difícil. Aunque las autoras del artículo leen esta situación como un ejemplo de agencia personal, lo cual es difícilmente deducible del texto, sí que es verdad que el papel de estas mujeres en la cocina refuerza un cierto sentimiento de estabilidad frente a un mundo que les es completamente hostil.

Estos dos ejemplos dan cuenta de una idea del cuerpo como el frente último desde el que el individuo puede mantener un cierto control sobre su vida en un mundo cada vez más adverso. De hecho, los textos sobre seguridad alimentaria refuerzan esta idea a través del ejemplo de las crisis alimentarias, que generan grandes ansiedades precisamente por que nos vemos atacados en lo más íntimo, en esa región que debemos tener a salvo para mantenernos seguros, tanto física como social y estructuralmente.

Los textos:

BORDO, S. (2008) “Anorexia nervosa. Psycopatology as the Cristalization of Culture”, en Counihan, C. Van Esterik, (eds) Food and Culture. A reader.

FINE, G, A. (1987) “The Goliath Effect: Corporate Dominance and Mercantile Legends”, The Journal of American Folklore. 98/387.

GIARD, L. (1991) “Hacer de comer”, en De Certeau (ed.) La invención del cotidiano.

GRACIA, M. (2007) ”Narrativas”, en No comerás. Narrativas sobre comida, cuerpo y género en el nuevo milenio. Barcelona: Icària.

MILLAN, A. (2002) “Malo para comer, bueno para pensar: crisis en la cadena socioalimentaria”, a Gracia (Coord), Somos lo que comemos. Estudios de alimentación y cultura en España. Barcelona: Ariel.

SUKOVIC, M. Et. Al. (2011): “Seasoning for the Soul: Empowerment Through Food Preparation Among Mexican Women in the Texas Colonias”, Food and Foodways, 19:3.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *