Posturas que no sirven para nada

Movimientos, gestos, ademanes y posturas que no sirven para nada. Me gustan las posturas que no sirven para nada. Son raritas. Incómodas de ver.

Amaranta VelardeHace un par de días fui a la Sección Irregular del Mercat de les Flors, en Barcelona. La sección consistía en tres intervenciones, la primera de ellas de la coreógrafa Amaranta Velarde. Su pieza estaba inspirada en el futuro imaginado por Houllebeq en Las partículas elementales. Descrito en términos físicos: dos bailarinas, vestidas de blanco sobre fondo blanco, encarnaban distintas posturas extrañas que cambiaban abruptamente, sin un ritmo aparente, sin un objetivo aparente. Separadas entre sí y separadas de sí mismas, nunca se tocaban entre ellas y nunca se tocaban a sí mismas. Las posturas se sucedían, una tras otra, de forma intencionadamente ruda y supuestamente sin sentido.

La verdad es que yo no tengo conocimientos de danza, ninguno, así que solamente puedo quedarme con lo aparente. Todos esos gestos, movimientos y posturas generaban entre el público, al menos el que iba conmigo, una cierta incomodidad. Para mí, eran posturas que no usamos, movimientos que no hacemos en la vida cotidiana, gestos inútiles. Todo aquello que podemos hacer con nuestro cuerpo pero nunca hacemos, básicamente porque no nos sirve para ningún objetivo concreto. Alguien me dirá que la danza siempre usa esas posturas y esos gestos y seguramente tendrá razón. En este caso era especialmente aparente, dada la falta de fluidez del conjunto y la manera en que las bailarinas parecían buscar posturas que fuesen esencialmente extrañas a los usos habituales del cuerpo.

Desde pequeñitos, todas las posturas que aprendemos tienen una utilidad, nos sirven para algo: para comer, para dormir, para desplazarnos, para expresarnos. Hay un cierto positivismo en nuestro uso habitual del cuerpo. Por supuesto, esas posturas tienen una parte arbitraria-cultural, pues uno puede comer sentado en una silla o en el suelo, cosa que da lugar a distintas posturas que sirven para lo mismo en distintas sociedades, por ejemplo. Las posturas de Amaranta Velarde en esta pieza son posturas que no nos sirven para la vida corriente: la boca abierta, los ojos que miran hacia arriba, un brazo levantado y un pie girado. ¿Para qué vamos a hacer eso?

Ya sabemos que con nuestro cuerpo podemos hacer muchas cosas que jamás hacemos, pero siempre está bien que nos lo recuerden. Y el espacio de una intervención artística es un lugar acotado donde podemos ver algo así sin sentirnos demasiado interpelados. En cambio, en la vida cotidiana, todos esos movimientos que no sirven para nada siempre nos provocan algo más, sea incomodidad, sea desagrado o sea risa. Y por eso, ¡bienvenidos sean los movimientos que no sirven para nada!

(Foto: Mercat de les Flors)

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