Transgresión y cuestionamiento

Esta semana he asistido a la lectura de tesis de Julieta Vartabedian, en la Universidad de Barcelona. Su tesis es sobre travestis brasileñas y sus itinerarios, tanto de transformación corporal como de desplazamiento geográfico, de Río de Janeiro a Barcelona, dos movimientos que son simultáneos y mutuamente necesarios para las informantes con las que Julieta trabajó.

“Ellas actúan como hombres y como mujeres, sin ser hombres ni mujeres” es una frase que ha repetido varias veces Julieta, que de esta manera quería no solamente superar las categorías de “hombre” y “mujer” sino también la categoría “trans”. Las travestis que ella ha estudiado aúnan la “belleza femenina” y la genitalidad masculina.

Una de las cosas que Julieta ha remarcado, más allá de los debates sobre el género, ha sido la apelación de sus informantes al poder asociado a la belleza. Para ellas, las transformaciones corporales se hacen con objeto de convertir sus cuerpos masculinos en cuerpos femeninos (exceptuando los genitales), de manera que se transformen en personas bellas y poderosas. El binomio belleza y poder es citado por las informantes en varias ocasiones. Para estas personas, su conversión a “lo femenino” supone un empoderamiento frente a su anterior situación de jóvenes gays y no, como a veces pudiera pensarse desde los estudios de género, una voluntad de transgredir las normas sociales de la apariencia corporal y la sexualidad heteronormativa. Para ellas, el hecho de convertirse en travestis no supone un acto de transgresión frente a una sociedad normalizadora. Es un acto, podríamos decir, de superación personal. No pretenden subvertir normas y, de hecho, desconocen la teoría queer.

Algunas personas del tribunal han resaltado la paradoja que supone que las travestis no vean su actuación como una transgresión, sino simplemente como su forma de estar en el mundo. Mari Luz Esteban, miembro del tribunal, hacía una reflexión sobre la relación entre transgresión y cuestionamiento. ¿Se puede transgredir una norma social sin cuestionarla? ¿Sería realmente una transgresión? Y al revés, si se cuestiona discursivamente una norma sin transgredirla en la práctica, ¿es realmente un cuestionamiento válido? ¿El empoderamiento del que hablan las informantes es una categoría emic que para el investigador no es más que alienación?

El debate entre la manera de entender las prácticas de aquellos que las realizan –los sujetos de estudio– y la manera en que lo interpreta el investigador, me ha recordado a un artículo de Saba Mahmood titulado “Teoría feminista, embodiment y el agente social dócil. Algunas reflexiones sobre el renacimiento islámico en Egipto”(2001). En este artículo, la autora reflexiona sobre varios grupos de mujeres en El Cairo, cada vez más numerosos, que se reúnen en las mezquitas para enseñar y aprender las escrituras islámicas. Si bien las mujeres en Egipto siempre han recibido educación religiosa informal, este movimiento representa un acercamiento sin precendentes a unas enseñanzas y unos razonamientos tradicionalmente reservados a los hombres eruditos. Es la primera vez que muchas mujeres se movilizan públicamente en las mezquitas y se enseñan unas a otras la doctrina islámica sin la participación de ningún hombre. Una acción que podría ser emancipatoria para estas mujeres en su contexto social es, sin embargo, una práctica que las lleva a apoyar el Islam en su forma más tradicional y a cultivar unas prácticas sociales y un comportamiento corporal orientados a cultivar la virtud y el recato femenino. Es decir, que estas mujeres apoyan un movimiento que podría leerse, desde el feminismo, como contrario a sus intereses y sus planes como mujeres. Y, sin embargo, lo hacen de una forma que resulta novedosa en cuanto a la participación femenina en la esfera pública. Parece, entonces, que en este movimiento no existe un cuestionamiento del papel de la mujer en el Islam tradicional, pero sí existen unas prácticas que transgreden su lugar tradicional fuera de la institucuión de la mezquita. Por tanto, ¿es transgresión sin cuestionamiento? ¿Se puede considerar que estas mujeres ejercen prácticas de agencia personal?

El artículo de Mahmood, que puede encontrarse traducido al castellano en la recopilación Descolonizando el feminismo, me parece de lo más interesante que he leído sobre feminismo (teniendo en cuenta que no he leído muchísimo). Es un texto riquísimo en matices y reflexiones y plantea, más allá del estudio de género, la manera en que los científicos sociales interpretamos y etiquetamos la realidad. En este sentido, me parece acertada la mención de Julieta al empoderamiento que sienten las personas con las que ella ha trabajado. Si bien los científicos sociales analizamos y clasificamos la realidad, nunca debe olvidarse la manera en que esta realidad es sentida, vivida, encarnada y explicada por sus protagonistas.

Las referencias:

Tesis: «Geografía travesti. Cuerpos, sexualidad y migraciones de travestis brasileñas (Río de Janeiro-Barcelona)» Julieta Vartabedian, Universidad de Barcelona, noviembre 2012.

Mahmood, Sabah “Feminist Theory, Embodiment, and the Docile Agent: Some Reflections on the Egyptian Islamic Revival” en Cultural Anthropology 16 (2), pp. 202-236

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